lunes, 13 de abril de 2015

¡Uí, Mesié!

Él me gusta. Me gusta muchísimo,
tanto como el café,
Me gusta, observarlo, nacer, continuar, crecer, desprender.
Me gusta vivirlo, exhalarlo, saborear su existencia,
como moca, recién hecho,
colado, con grumos o sin ellos.
Y consumirlo sorbo a sorbo,
despacito y con placer, de tomar
y saberlo mío.
Me gusta, como pasa de sólido al líquido,
de arisco a tierno.
De amor a odio,
de odio a pasión,
de pasión a permanencia, 
Con aroma y esencia. 
¡Qué bien olés, mi café!
Y siempre me acompaña en las tardes,
las tardes esas, donde el sol ya casi se esconde, y no hay nada,
ni día, ni noche, sólo es tarde... Y vos.
Me gusta sentir que está conmigo,
que me tiene en pie,
que me adormece y me da vida.
que me endulza, me sana y me salva.
Me gusta, porque puedo hacerlo y él puede hacerme a la vez.
Y endulzarlo si carezco de bondad y tomarlo fuerte si necesito valor,
Me da vista y oxígeno, me da luz y camino
Me mantiene aquí.
Yo a cambio, le doy mi compañía y mi lealtad absoluta,
Para que muera y reviva, le doy mis labios,
Cualquiera de los cuatro, que prefiera.
Me lee y me descifra, lo leo y se enfurece,
y me gusta rebelde.
Oscuro, con la piel tostada 'como la flor' de mi patria.

 Él es aquello, que jamás me gustaría perder,
quiero que esté aquí, total o
parcialmente.

Porque no quiero tomar otra cosa, que no venga de vos.
 
Nunca, podré decirte adiós, porque sos,
como el café. 
Un vicio, una delicia, gustoso, apetecible,
inolvidable.
 Me gustas, me gustas muchísimo,
Puedes irte las veces que quieras,
y volver,
e irte luego,
Defender tus ideas y pelear con las mías, 
¡como adoro eso de vos!
No importa, porque aprendí a quererte así, intermitente y diferente.
Atento.
Auténtico. 
Exquisito.
Te quiero así, porque me gustas! y no hay otra explicación
porque, de seguro, para alguien más, 
eres incomprensible.
Sin embargo para mi eres, como una buen café,
Estupendamente dulce y admirablemente fuerte.

¡Y oye, como me gusta el café!