¿Que me pasa?
Comenzaré escribiendo el conflicto de mi subconsciente...
Hace
un momento escuche en mi cabeza una voz, ella, todos ellos,
dicen que soy muy seca. El caso es que la voz me pregunto
“¿Qué es el amor?” y no sé que rayos pensé, pero en mi cabeza –y
siempre- digo “Nada. Una enfermedad mental. Una cursilería.”, y cosas
por el estilo. Porque yo creo, no creer en el amor.
Pero
el caso es que no. Mentiras. Mentiras. Todos mienten. Esos que apenas
se conocen y se aman, mienten. Esos que dejan de lado todo y a todos por
amor, mienten. Esas personas que se ciegan, mienten. Esos que están
como abducidos, con los cuales hablas y no sabes si te esta respondiendo
la persona que tienes en frente o la otra persona que tienen metida en
el cerebro, mienten, maldita sea, mienten y me hacen querer vomitar. Las
parejas idiotas, melosas y besuconas me hacen querer vomitar… sin
ofender. Y yo también miento porque pienso que el amor no es “Un nada”,
pienso que es más bien un “Algo”. Porque por eso estamos aquí, aunque
sea pasajero. El amor es el limite, la cima de un algo, el final, y
cuando estas en lo mas alto es como estar sobre una liga de goma, si uno
de los dos lo suelta, entonces el otro recibe el golpe y se cae. Y
para evitarlo, llega un momento en el que no puedes moverte, mirar o
sentir otra cosa porque estas muy alto y te asusta y entonces sabes que
puedes caer. Y es ahí cuando vemos a esas personas como tontas por
alguien, y es por eso que no creo en el amor.
Una
vez vi a una pareja. Años de casados. Hijos. Viajes en familia. Fotos
familiares. Un perro. Pero eso era todo. No estaba esa chispa. Ese
no-sé-qué que debería estar para que la familia funcionara. Entonces
luego vi decepciones. Separaciones. Hijos que no hablan con sus padres. Y
el amor se había ido. Se acabó. Fin. Ese día me prometí que buscaría cosas más
importantes porque el amor es solo un conjunto de reacciones químicas en
el cerebro. Una idea de las empresas disqueras para vender música. Un
estereotipo que nos inculcan desde niños para seguir con una idea de
consumo capitalista. Un contrato que –cabe destacar- conlleva tanto a
éxitos como a fracasos. Algo que nos dicen que es palabra de Dios solo
para seguir adelante con la humanidad.
Porque
cuando escribes algo así y piensas en alguien, o cuando lees algo así y
piensas en alguien… es porque recién comienza y aun puedes escapar de
ello.
Y
cuando una amiga te pregunta y te dice “¿No te gustaba en pre-escolar
alguien y decías lo mismo?” y le sueltas un “¡No! Confieso que esa
persona me parecía… linda. Pero esta es inteligente, y divertida, y
escucha la misma musica que yo y otras buenas que yo no conocía, y
tiene ese gesto nervioso que le hace ver adorable…” y justo ahora me doy
cuenta de que empiezo a tener esa sonrisa idiota.
Es
tiempo de volver a la parte de arriba.Es tiempo de irme, tiempo de dar
media vuelta. Tiempo
de alejarme lo más que pueda.
Hagas-lo-que-hagas-no-te-encariñes-conmigo.
Y
los que sufren por amor, ¿se dan cuenta de que hay un momento en el
que…? No. No lo hay. Nos hacen pensar que si, pero no. Nos dicen que el
sufrimiento se puede evitar, pero no. Porque cuando empiezas con alguien
–al menos yo lo pienso- el final en algún momento será inevitable. Por
eso siempre me alejo antes. Por eso no quiero que se acerquen a mí,
porque los finales apestan.
No
otra vez, Eres la que se aleja, por eso las cosas van bien
siempre, ¿recuerdas? Si. Lo recuerdo perfectamente, ¿Cuándo fue la
última vez que me acerque a alguien? Hace tiempo, quizas un año, tal vez más. Siempre se
acaba. Ya no quiero que se acabe de nuevo, así que se acabó esa mierda
de encariñarme con la gente. Aunque sea cruel.
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