Si, a lo mejor no fue con quien soñé pero que real lo viví con el equivocado. Temerosa lo dudé varias veces, en mi afán de creer que era una estúpida venganza, ¿de que hablaba? si ya ni lo recordaba, dentro de mi existía la predisposición de sentirme deseada nuevamente. Mi subconsciente siempre jugando al escondite y apareciendo cuando menos lo espero, no tomé en cuenta su presencia y proseguí a entregarme entera, a disfrutar de su pasión desbordada y de su tacto sobre el mío, por un efímero momento luché con mis ya escasos síntomas de moralidad y reverencia absoluta a lo que creía debía ser lo correcto, mis endorfinas al máximo nivel y su respiración a dos centímetros de mi boca, de mi dulce boca... Según su propia autoría. Yo estaba perdida, y a penas si me había tocado.
Lo observé, es la tentación personificada, lucía totalmente comestible, él con su fiebre de testosterona! Empezó besando mis labios, esos que uso para mentir y jugando vagamente con mi lengua en la hegemonía de creerse dueño de ella, rozaba su barba de un par de días sobre mi cuello.. él sabe que eso me vuelve loca, usó su nariz para aspirar el aroma que yo desprendía y decirme al oído: ''Que delicioso olés, cariño'' a flores, esa que uso siempre y que nadie sabe su nombre. Bajando suavemente continuó hacia la exquisitez del placer inocuo de mis pechos, creo que recordó su crianza, porque parecía encantado y risueño, de manera sutil usaba sus manos para arroparlas, yo enajenada y tímida por lo pequeñas que son, él admirado por lo natural que soy.
Besaba mi vientre y mi ombligo, creo que con la esperanza de creerme una Diosa griega, o al menos, así me sentía yo, admirada por completo! Deseada y querida por este majestuoso hombre. Aun estaba muerta de miedo, pero creo que lo disimulé bien, porque seguía extrañamente concentrado en la faena.
Prosiguió y mis folículos capilares despertaron y retumbaron a 5.5 grados en la escala de Ritcher, viajé a la tierra del nunca jamás y volví. Disfrutaba verme extasiada, besaba ahora, los labios con los que lo contento, ''que majestuoso órgano tenés en esa boca y que bien lo usás'' pensé.. Pero preferí no decirle palabra más allá que un par de gemidos, esos que se escuchaban en toda la habitación, la casa, la cuadra... Es como si hubiese encendido un botón desde mi interior.
Me sentí entonces, indefensa al ver sus ojos posados en los míos, mientras me dejaba ''elegir en que posición ver las estrellas'' sus grandes manos encajaron perfectamente en mis caderas. No apartó nunca la mirada de mi, ni sus manos... Mi miedo se convertía en ansiedad de saberme suya, tan suya. Nunca había pertenecido tanto a alguien, ni siquiera a mi misma. Me sentí tan grande en ese momento, en ese pequeño momento me creí dueña del mundo, o al caso, dueña de su mundo. Me moví entonces para estar posada sobre él y disfrutar en vista VIP su expresión, sonreía, y entre murmullos y miradas me decía algo más; que en la prisa de la situación no logré descifrar, no no, no quise descifrar.
Bajó sus manos explorando mi espalda, sentí que contaba cada marca en el anhelo de grabarse la ubicación exacta en su memoria, se deleitó con lo que según él es lo que más le gusta de mi, ''hermosas'' susurró, mientras encajaba sus uñas y afincaba imponiendo su fuerza varonil contra mis nalgas.
Me enseñó ciertas cosas, él aprendió otras tantas, y a pesar de su vasta experiencia se sorprendió al saber unas tantas mías, que quizá alguna otra mujer de esas tantas que había conocido, en su ataque de timidez y honradez se le olvidó mencionarle, yo sin ningún tabú le expliqué. Que bien me sentí, parecíamos dos niños jugando a ser mayores, él usaba sus prácticas como motor de arranque, yo mis conocimientos como gasolina. Creo que fueron horas, perdí la cuenta de algo un tanto doloroso pero que no se repite, por lo que significó.
Encima de mi, no hacía más que respirar como corredor de 100 metros planos y yo sonriendo como idiota, haciendo esos ''soniditos'' agudos, por un pleno instante sentí temblar mis piernas, ya no era la cama y las cobijas sudorosas lo que me sostenían, eran las suaves texturas de lo que se le puede llamar ''cielo'' o algo así, no sentí más mis extremidades y subí a una nube de golpe! Wooww! sentí una relajación que ningún spa lograría, sentí gritar en un desierto con todas mis ganas exhalando todo lo malo y quedándome sin aire, sentí descender entonces, con las piernas cruzadas sobre un buen sofá, un par de lentes ''rainbow'' puestos, un café al lado, un buen cigarrillo en mi mano izquierda y una sonrisa medio idiota.. Me sentía regía, y él lo pudo notar.
Que experiencia tan gratificante, casi como sacar buenas notas al final del semestre, como pasar un fin de semana con los amigos, como saltar en beinjing, como lanzarse a una piscina, como inhalar y exhalar un humo mentolado de esos que tanto me gustan... La lista es interminable, es una catarsis total y absoluta.
Aún tenía mis dedos enredados en su cabello, aún tenía mis piernas cruzadas entre sus caderas y no me había arrepentido para nada, en haber sido yo, quien quitara su franela y desabrochara el botón de su pantalón.
Me posé sobre él a horcajadas, maravillada por supuesto, de sus grandes dotes naturales, y decidí volverme la Diosa que tanto me gusta ser, fui tan seductoramente inocente, que quizás él no era consiente hasta ese momento de lo que se le venía... Saboreando y usando las comisuras de mis labios para probarlo, fue plácido verlo inclinar su cabeza hacia atrás, sabía que lo estaba haciendo bien, llegó a la luna donde yo ya había pisado hace un par de minutos, sonriendo también como idiota, pero que idiota tan lindo! extasiada de su sabor, le dije: ''que bien sabés'', sonrió un poco temeroso y me plantó un beso imponiendo jerarquía, en realidad la tenía, jamás fui tan de alguien.
Terminamos mirando el techo como par de aventureros, como fugitivos, hasta que nos miramos varios minutos después, yo complementamente desnuda, sin temor a nada, ¿Ya qué no había visto de mi? si me besó hasta el reverso de mis lunares. Vi sus maravillosos ojos café achinados y su piel tostada, me derretí. Lucíamos casi bíblicos
Entonces, me pregunté ¿Qué era lo que entre murmullos me decía hace un par de horas atrás?. Al parecer, por mi frente pasó una marquesina, porque sin preguntarle en voz alta me contestó, diciendo: ''Te quiero...'' Me llamó la atención cuan reales sonaron esas palabras, dos pequeñas palabras y mi mundo entero se detuvo, aún conmovida con sus ojos claros, nunca se lo que está pensando, a veces, es tan cerrado, como un estado aislado, no supe que decir y sonreí... Enseguida entendió, que al parecer podría haber una próxima vez... Una segunda vez...
Creo que él también concuerda conmigo, cuando aquí rememorando ese épico momento, puedo deducir en una cosa:
''Ese día no nos amamos, es cierto... pero como nos quisimos..''